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Historias de Amor

La historia de Mariana y Pablo

Llevaba cinco años de novia, en los cuales los últimos dos estuve comprometida. Para entonces, empecé a trabajar en un Instituto privado de lenguas extranjeras como docente de un grupo de estudiantes que se estaban preparando para viajar por su carrera al exterior.

Esa época fue un tiempo de cambio personal y profesional, tanto para mí, como para mi ex- pareja y sin saber como, nos fuimos distanciando y el corto tiempo que nos restaba del día no era lo suficiente y la relación se fue desgastando poco a poco, todo estaba mal.

En mi trabajo encontraba una especie de terapia, al principio no fue fácil porque con apenas 23 años estaba al frente ( como docente ) de un grupo de hombres, en un ambiente muy especial, elitário y sumamente rígido, en su mayoría  mayores que yo.

Este era un gran desafío para mí, y estaba dispuesta a salirme bien. Tres veces por semana, varias horas por día, daba tiempo para compartirse muchas cosas  y las cosas con mi pareja iban de mal en peor.

Al contrario de lo que me pasaba con mi pareja, de a poco, se empezó a dar un acercamiento con uno de mis alumnos; hablábamos en los recreos, él contándome que se estaba por comprometer con su novia con quien vivía junto hacía más o menos dos años, yo contándole mi experiencia acerca del compromiso, cómo habíamos decidido hacerlo, la reunión que habíamos hecho, etc. Hablábamos de nuestras respectivas vidas en parejas. Creo que esas charlas se
dieron porque del grupo éramos más o menos de la misma edad.

El tiempo continuaba pasando y con mi novio nos alejábamos cada vez más.

Siempre traté de no llevar los problemas a clase, pero un día cuando en realidad estaba muy mal, este alumno me dijo si yo tenía algún problema porque se me notaba en la cara. Me movió muchísimo que se diera cuenta de lo mal que me sentía en cuanto que a mi novio no se le movió ni un pelo cuando se lo planteé. A partir de ahí empezamos a hablar más seguido.

Por coincidencia  las cosas en su pareja no empezaron a ir muy bien, lo que implicó que más charláramos. Sinceramente deseaba que llegaran los recreos para estar ese ratito hablando con él, me sentía cómoda y comprendida.


Después de un tiempo, los dos estábamos pésimo con nuestros
respectivos compañeros y un día él me deja sobre el escritorio una hoja y se fue prácticamente corriendo al recreo. Abrí el papel y para mi asombro veo que era el borrador de lo que iba a ser un e-mail y que no se atrevió a escribirlo y mucho menos a mandarlo, pero no sé porque decidió dármelo. Sólo que quería levantarme el ánimo porque me veía triste, que quería que supiera que yo era muy especial y que mi novio se iba a dar cuenta de eso, que le hubiese gustado tener una amiga como yo y que por favor no fuese a pensar mal , que no había más que palabras sinceras detrás de las letras , nada más que el deseo de una amistad. Quedé shockeada, helada y sumamente complacida.

Estuve días decidiendo si responderle o no, y al final lo hice, agradeciéndole. Poco después recibí otra carta, esta vez mucho más jugada y directa; me decía que no sabía por qué necesitaba tanto el hablar conmigo, que no entendía como mi novio no me daba corte, que si él tuviese una mujer como yo se haría tiempo para verme, que iba a tratar de no verme más a los ojos porque no podía resistirlo y que honestamente no sabía que era lo que le estaba pasando.
Después de leer la carta, me dieron unas ganas terribles de llorar, me analicé mil quinientas veces tratando de saber qué era lo que me estaba pasando a mí, porque en el fondo tenía que reconocer que yo también lo extrañaba cuando no lo veía como él me escribía en su carta y que me encantaban sus palabras. Pero por otro lado negaba rotundamente que algo me estuviese pasando con él cuando una amiga me lo preguntaba. Buscaba excusas para ir al instituto cuando no tenía que ir, deseando encontrarlo.

A pesar de todo ese deseo, tenía miedo de aceptar lo que me estaba pasando y  le escribí una carta muy dura, cuestionándole su osadía de escribirle esas cosas a una profesora, y no sé que otras barbaridades más.

El día que le iba a entregar la carta, me entero que no venía a clase, y ahí realmente me di cuenta que algo serio me estaba ocurriendo. Se me cayó el mundo al saber que no lo iba a ver; llegó el recreo, y me quedé en el salón, sentada al escritorio mirando sin mirar hacia la ventana, y pensando por supuesto en él, haciendo fuerzas para no llorar. Y de repente siento que la puerta se abre, pero no me doy vuelta pensando que era uno de los otros alumnos, siento su voz que me dice:" Buen día", y para mí, como se lo digo a él siempre al oírlo, al verlo, salió el sol, se me iluminó el día. Nos quedamos mirando y me preguntó si había recibido el mail que me había mandado, casi me muero ante la posibilidad que alguien de mi familia o mi novio lo hubiesen leído.

Le di la carta, diciéndole que no sabía qué era lo que estaba haciendo. Llego a mi casa, corro a recibir los e-mails, leo el suyo que decía: "Necesito saber qué pensás de lo que está pasando", lo elimino, me aseguro que no haya quedado rastro. Y corro al baño a refugiarme y a llorar, quería ir con él, estar con él.


Al día siguiente me estaba esperando mucho antes de que empezara la clase, y me dio un regalo, y me pidió disculpas. En la clase, abro el regalo y era un cuadrito con una leyenda sumamente dulce; acompañándolo una esquela donde me pedía disculpas por haberme molestado al escribirme las cartas, y rogándome que si quería las tirara pero el cuadrito no. ¡Morí! no entendía nada…y al rato caí, era por causa de mi carta donde lo trataba bastante mal.

Al otro día  fui temprano, y él estaba ahí, como si nos hubiésemos combinado, saqué el tema rápidamente y me dijo sin vacilar que sentía pilones de cosas por mí, que su relación se había terminado por mí, pero que él entendía que yo quisiese seguir con mi historia. Quedamos de vernos en una reunión al domingo siguiente que había organizado el grupo para despedir el año, era el tiempo que yo necesitaba para hablar con mi novio y terminar todo, pero las cosas se complicaron, un pariente cercano fallece y no me pareció que era el momento adecuado, al final de cuentas en ese momento necesitaba estar a su lado. Así que tampoco fui a la reunión.

De tarde en mi casa, tratando de dormir u  rato la siesta, suena el teléfono, jamás lo atiendo si estoy acostada dormitando, pero ese día algo me impulsó al teléfono, sabía que era él, y así fue. Otra vez salió el sol, hablamos por una hora de nosotros, de lo que estábamos

sintiendo, pidiéndome vernos en algún lugar, resistiéndome pero muriéndome al mismo tiempo por ir corriendo hasta sus brazos, llamándome mi amor y yo derritiéndome al oírlo hacerlo pero pidiéndole que no le hiciese...era la última semana de clase, las charlas siguieron por teléfono, y el último día de clase decidí jugarme cien por ciento. Fui más temprano, estaba esperándome como lo presentía, y le dije de vernos en otro lugar en la tarde. Aceptó. Nos vimos, hablamos, pusimos las cartas sobre la mesa, me regaló un osito...y aquí estamos hace ya un año y casi tres meses. Estamos muy enamorados y tenemos juntos muchos proyectos, y hemos superado no sólo el obstáculo de como empezamos, sino una separación de tres meses , tiempo en el que él se fue al exterior razón por la cual estaba aprendiendo en el Instituto donde nos conocimos, tuvimos que salir a escondidas por nueve meses ya que después de empezar a salir juntos , al comenzar nuevamente el año lectivo, el 2002, yo volví a ser su profesora y si se llegaban a enterar nuestros respectivos jefes peligraban nuestros trabajos. Aún hoy, cuando nos vemos en el Instituto hacemos como que no hay nada por cautela, y nos acordamos de aquellos días en que nos moríamos por besarnos y no podíamos.

Ojalá les guste nuestra historia, quien ilumina mis días es Pablo y quien se los contó:

Mariana.

 

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