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Florianópolis, la isla mágica.
Conocida
por la gran cantidad de playas y sus
encantos naturales, Florianópolis es la
capital
con mejor calidad de vida en el Brasil.
Esta
famosa
isla de Santa Catarina que se une al
continente a través del
puente
Colombo Salles sorprende por la gran
variedad de alternativas
turísticas que brinda a sus
visitantes. Para jóvenes y no tan
jóvenes que
practican deportes extremos o de
aventuras, para familias que desean
descansar o recién casados que buscan
pasar una luna de miel más
descontraída.
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Tradición, música y deportes.
La historia está muy presente en el
pueblo de Florianópolis y a cada momento
la representa con mucho orgullo.
Personajes simples, pintorescos,
hospitalarios y bien humorados, van
conquistando de a poco hasta los
turistas más reacios, entre una pesca y
otra, comiendo ostras y tomando una
cerveza al compás de música azoriana en
el Mercado Público del centro histórico,
se pueden escuchar infinitas historias
acerca de como todo comenzó. La isla se
extiende de norte a sur, paralela al
continente. Al noreste se encuentran las
playas mas concurridas y de aguas
cálidas elegidas por la tranquilidad de
su oleaje y por quienes prefieren
quedarse hasta el final del día
disfrutando sobre la arena, al
centroeste y al noroeste, están las
playas más agitadas, más buscadas por
quienes prefieren sentir la adrenalina
en su cuerpo, al sur se encuentran las
playas más vírgenes y más preservadas de
toda la isla, algunas imposible de
llegar en auto.
Equilibrio ambiental
Florianópolis posee una gran área
inconstruible, entre áreas
marítimas, dunas, pantanos y montañas
resta poco más del 40% el cual la
municipalidad controla con
gran ímpetu para mantener ese equilibrio
entre ciudad-naturaleza que tanto
encanta a las personas que llegan por
aquí.
Algunas actividades
Ya
experimentó tirarse con un pedazo de
madera en los pies duna abajo? más
conocido como sandboard, o deslizarse en
una ola de más de dos metros de altura
que hacen parte del circuito mundial de
surf, talvez prefiera ver la isla desde
lo alto, volando como una águila, o
mejor una cabalgata en el crepúsculo,
con derecho a un asadito y vino para
reponerse, o un paseo en barco para ver
delfines y bucear entre los corales de
la Isla del Francés, o si prefiere
simplemente hacer una caminata de
aventura coronando con un picnic antes
de volver...en fin, hay para todos los
gustos, un lugar de inagotables recursos
donde siempre hay algo para hacer,
inclusive nada.
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