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Natal: buenos vientos, buen descanso.
Ventilada como raras ciudades de
Brasil, la capital de “Rio Grande do
Norte” convence a muchos extranjeros con
sus dunas y sus hoteles sobre la playa.
Ciudad fundada hace 405 años en la
Navidad de 1599 (de ahí la procedencia
del nombre “Natal”) es una invitación al
descanso.
Algunas de las actividades mas
sorprendentes de esta playa, sin dudas,
es pasear en Dromedario por las dunas de
la “Praia de Genipabu”. Dromedario, como
se sabe, es aquel animal de ocho
rodillas, tres estómagos, una joroba
sola y una paciencia interminable. Esta
es solo una entre las muchas y
sorprendentes exclusividades de esta
ciudad. Si ustedes quieren buenas
fiestas, sol y más sol, arenas blancas,
piscinas naturales, palmeras, brisa,
instalados en un hotel dentro de la
playa, no pierdan de conocer Natal. Pues
en Natal hay todo esto.
Casi todos los hoteles confortables
fueron construidos en el lado central de
la “Via Costeira”, en la entrada de la
playa, de frente para el mar, sin
ninguna barrera de asfalto y sin ningún
au tomóvil separando su cuarto de la
arena. De esta forma, después de dormir
acariciado por la brisa, escuchando el
ruido del tumbar de las olas, se
despiertan, colocan bermuda y biquini
(respectivamente), pasan mucho protector
solar (esto es serio, puesto que la brisa
constante los puede engañar en relación
a la real potencia de los rayos), hacen
algunos pasos y ya están bajo la
sombrilla colocada con desvelo por los
empleados del hotel – ¿les gusta así?
Raros son los visitantes que tienen algo
de que reclamar en Natal. Es muy elegida
por Italianos, Españoles, Portugueses y
Escandinavos.
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