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Mónaco, el
país de la realeza.
Uno de los países más pequeños del mundo es también uno
de los más encantadores gracias a su herencia real.
La palabra Mónaco tiene un significado unívoco para la mayoría de las
personas. Significa principado, ostentación, lujo, comodidad y calidad de vida.
Es que para mantener a un país con sólo 2 kilómetros cuadrados de superficie
no se necesita demasiado, y las ganancias que absorbe del turismo junto con la
mantención de la monarquía nacional son suficientes.
Un país que tiene la misma superficie que la que ocupa tres veces el paseo de
compras The Mall de Washington en Estados Unidos, tiene al mismo tiempo la
fuerza para atraer turistas que cualquier país con buenas playas. Es que Mónaco
las tiene, ya que sus costas miran al Mar
Mediterráneo, pero además tiene un
aura que la distingue de otras tantas ciudades lindas de Europa.
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Los Grimaldi, la familia real de Mónaco,
están en el reinado desde hace
700 años y le dan al país un aire imperial que no se siente en otros lugares.
En el año 1297 Guelph Francois Grimaldi se apoderó de estas tierra y desde
entonces la familia se encuentra al frente monárquico del país que alberga a
la ciudad de Monte Carlo.
En Monte Carlo se puede disfrutar del casino homónimo que ha sido construído
en el año 1861 durante el reinado de Carlos III y es famoso en el mundo entero
por su lujo y voluptuosidad.
Otra visita obligada es el Palacio del Príncipe, construído hace 400 años,
donde se puede observar todos los días la ceremonia de Cambio de Guardias, que
es realizada por la sección de soldados responsables de proteger la construcción.
Esto toma lugar en la Plaza del Palacio y se ejecuta una memorable marcha y
contramarcha que deja llena de admiración a la gente que la presencia.
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